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Para comprender la
naturaleza de los ángeles es preciso comprender nuestra propia
naturaleza. El hombre vive en el mundo material para lo cual requiere un
revestimiento material, pero su esencia es espiritual igual que la de los
Ángeles. Los Ángeles son espíritus puros y habitan los peldaños, que
son mundos sutiles, existentes entre el hombre y Nuestro Padre Celestial;
su oficio es ser "mensajeros de Dios". El hombre es un espíritu
puro y su oficio es pertenecer a la Humanidad para depurar su
personalidad, recordar su verdadero Ser y permitir que sea El quien actúe
en su vida. Tanto los Ángeles como los Hombres somos hijos de Dios por
esto somos hermanos, ambos somos espíritus puros e inmortales
evolucionando en planos paralelos. Los espíritus inmaculados que trabajan
como Ángeles salieron del seno de Dios muchísimo antes que nuestra
humanidad, han entregado a Nuestro Padre su libre albedrío; no obran a su
antojo como el ser humano, s lo lo hacen a través de El. Algún día el
ser humano deberá hacer lo mismo:
de la
Resurrección, del Despertar, del Jardín del Edén, del Árbol de la Vida, de
la Inteligencia Divina, del Cuerpo Causa. Es el Angel de los Estudiantes,
de
los Discípulos, de
" Maestros, de las Escuelas, Institutos y Universidades. Representa
la Luz porque la Sabiduría es claridad y la ignorancia es oscuridad, y
Nuestro Padre es la Luz de Amor y Belleza Celestial. Los ojos en las
plumas de sus alas representan la percepción divina, la sabiduría, la
omnisciencia y el don de la ubicuidad. Jofiel, junto con todos los Ángeles
de su Áurea Hueste, labora hoy más activamente para llegar al corazón
de todos los seres humanos y llevarles este mensaje de amor: "Dios te
ama profundamente, vive en tu corazón y ansioso espera que tú también
lo ames y proyectes amor hacia todo, lo que ha salido de El". Cuando
existe interés por comprender más sobre nuestra naturaleza y la Angélica,
por el estudio, por adquirir conocimiento y por enviar luz de comprensión, es al Arcángel Jofiel a
quien debemos acercarnos y visualizarlo cubriéndonos con su aura dorada
de resplandor divino, que es sabiduría celestial.
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